James G. Ballard (1930-2009) R.I.P.

20 04 2009

Hoy ha muerto uno de los mejores escritores del siglo XX, James G. Ballard, autor de La exhibición de atrocidades, Crash, La isla de cemento, El imperio del sol, Noches de cocaína, Super-Cannes y tantas otras.

Aunque la mútua afinidad entre la imaginación escatológica de Ballard y el cómic nos parece evidente, nunca se ha adaptado que nosotros sepamos ninguna obra suya al Noveno Arte con el que tampoco colaboró el escritor, a diferencia de otros como William Burroughs.

No obstante, sí deben reseñarse las importantes ilustraciones que Phoebe Gloeckner realizó para la edición en 1990 de La exhibición de atrocidades a cargo de la editorial RE/Search. Entre ellas figura de manera prominente una icónica sección vertical de una mamada, en la que Gloeckner destiló lo mejor de sus años como ilustradora médica tras cursar biología.

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Recientemente se han apuntado dos posibles influencias directas de Ballard sobre un par de autores de manga. La primera es la más que sorprendente similitud entre la trama de Death Note y el relato de Ballard Now: Zero, en el que parece inspirarse. Mucho más interesante resulta la estupenda exégesis de Tom Kaczynski sobre el New Engineering de Yuichi Yokoyama como versión en Historieta de la primera novela de Ballard, The wind from nowhere.

[Ballard's] description of the building process has an uncanny resemblance to the [sic] Yokoyama depicts the massive feats of engineering in his stories.

Ballard totally dispenses with a human perspective. The construction is apprehended from a series of unnatural vantage points that allow us to experience the massiveness of the endeavor. Humans at this scale are “like frantic ants.” Since Ballard doesn’t have any visuals accompanying his prose, we have to imagine the scene. With Yokoyama, we are provided with vague glimpses.

What distinguishes New Engineering from The Wind from Nowhere is that Ballard eventually tells us what is being built and why: a gigantic steel pyramid designed to withstand the force of the wind. Hardoon, the builder, hopes not only to survive the catastrophe but thrive in it as well. But his motives aren’t entirely clear and sometimes the reader is led to believe the pyramid exist solely so Hardoon can comfortably sit in his steel cage, watch the world turn to dust and listen to the savage howl of the hurricane.

Hardoon is a typically Ballardian character who transforms and adapts as best he can to circumstances on the ground (disasters in this case and in his early novels, but in his later work modernity and technology are enough). We encounter these characters in what we recognize as ‘our’ world, but they already belong to another, hidden world, emerging in our midst like one of Italo Calvino’s Invisible Cities. And with the new world come new psycho(patho)logies. This is what’s missing from Yokoyama’s structures. The author consciously avoids depicting the psychology of his world

A couple of Noguchi Park to Yokoyma comparisons

Ya en el plano anecdótico, el pasado enero se publicó en Brasil una reseña gráfica de la novela de Ballard Kingdom Come (nada que ver con la serie de DC) y, por otra parte, Matteo Bittanti ha realizado una versión de Crash a través del programa Comic Book Creator que permite realizar cómics partiendo de videojuegos (en este caso Burnout) para lo que se han inventado la horrenda palabra Gamics.

Si no tuvisteis ocasión de ver la estupenda exposición que Jordi Costa preparó el año pasado para el CCBB sobre Ballard, tendréis que acudir, a falta de librerías, a vuestro videoclub. Bajo ningún concepto alquiléis el espantoso film de La exhibición de atrocidades, podéis en cambio optar por la adaptación de Spielberg de la autobiografía de Ballard, El imperio del sol, pero para sacarnos el regusto kistch que nos han dejado los Gamics, nada mejor que  la versión cinematográfica de Crash por la que David Cronemberg se llevó en 1996 la Palma de oro del festival de Cannes. Una de mis películas favoritas, una obra maestra sobre la que el propio James Ballard llegó a decir que era mejor que el libro en el que se basa. Aunque fuese a Shangai, ojalá pudiesemos traer a Ballard de vuelta, por fortuna nos dejó para siempre sus libros.

Actualización: El blog ausente ha colgado íntegro el texto de Ballard: What I believe








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