El colorista de Blain

26 08 2009

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Ben Towle escribe en su blog un interesante artículo sobre  una faceta insuficientemente apreciada: la de colorista. Para dar un ejemplo ¿alguien sabe quién es Josette Baujot? Personalmente lo ignoraba hasta su fallecimiento el pasado 14 de agosto.

Es un hecho que el cómic francés tomó la ventaja al norteamericano, durante la época del color directo (comparar por ejemplo cualquier obra de Bilal con Watchmen) pero con la llegada del color digital las tornas se igualaron momentaneamente hasta la irrupción de la generación Nouvelle BD una de cuyas innovaciones más importante ha sido, en mi opinión, restituir la personalidad propia del color europeo.

Pero a diferencia del color directo en que dibujante y colorista eran la misma persona, no sucede así en muchas obras del nuevo grupo de autores franceses cuando se entregan a la producción en cadena. No es casual que en Francia se haya creado recientemente una asociación de coloristas de BD.

De lo que íbamos a hablar es de Blain y en particular de su obra Gus, uno de cuyos méritos principales es, precisamente, el color de Walter Pezzali. Towle identifica y describe en su artículo varios rasgos que indican la importancia narrativa del color en esta obra:

  1. Gus es un homenaje al color no-naturalista del Lucky Luke de Morris.
  2. Uso de una paleta de colores restringidos para indicar flashbacks
  3. Uso del contraste entre fondos homogéneos y personajes multicolor
  4. Uso del color del globo asociado al color de su emisor
  5. Colores no naturalistas
  6. Colores que indican emociones
  7. Bello uso del blanco
  8. Indicar un cambio rompiendo la paleta de color de la escena

En el artículo de Towle tenéis las imágenes. Realmente vale la pena echarle una ojeada





Las serpientes ciegas

13 04 2009

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LAS SERPIENTES CIEGAS– Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí

Álbum cartoné, 72 págs. Color- 16 €

Nueva York, 1939, un verano sofocante. Un misterioso personaje de rojo llega a la ciudad en busca de Ben Koch, antiguo miembro de las Brigadas Internacionales para ajustar cuentas pendientes. Éste a su vez busca a Curtis Rusciano, un ex amigo combatiente, con las mismas intenciones. El hombre de rojo narra el tiempo presente pero la voz de Koch se intercala para desvelarnos a través de flashbacks la clave del enigma situada en su común pasado inmediato: las luchas intestinas del bando republicano durante la Guerra Civil española.

Las serpientes ciegas, este penúltimo trabajo de Cava, se inscribe en la tradición que aborda nuestra Guerra Civil en clave de novela criminal con representantes tan eminentes en el noveno arte como Giardino con ¡No pasarán! o Christin y Bilal con Las falanges del orden negro. Debiera sobrar decir, pero debe remarcarse, que se trata un trabajo riguroso, cimentado sobre la erudición personal de Cava en la cultura popular de la América post-depresión: el pulp, la novela negra, los propios cómics… No sólo por este motivo, su valor histórico-documental, Las serpientes ciegas nos recuerda a Pilar Miró sino, ante todo, por su semejanza con el film Beltenebros, basado en la novela homónima de Muñoz Molina, en la que un antiguo brigadista vuelve a la España de la post-guerra para matar a un topo traidor en el seno del PCE.

De igual manera se adivina una profusa documentación visual que inevitablemente remite al movimiento de la fotografía directa y singularmente a las imágenes de Nueva York de Berenice Abbott. Aunque si una sensación predomina en relación al dibujo de este álbum ésta es la grata sorpresa por el giro pictórico de Bartolomé Seguí, acostumbrados como nos tenía a su trazo ligero y espontáneo, ahora condensado y potenciado en gran medida por el excelente trabajo del colorista Gabi Beltrán. En este sentido y por su tonalidad, la referencia no por obvia soslayable es Edward Hopper y, a través suyo, Jacques Loustal.

Precisamente, el tono cromático es uno de los motivos por el que consideramos fracasado el anterior proyecto de Cava, Soy mi sueño, en que impuso a Auladell un color que apagaba en exceso su magnífico dibujo y se enredaba en disquisiciones con Schopenhauer para recuperar la tradición intelectual que asocia la voluntad según la filosofía irracionalista alemana con el camino al Holocausto. El siguiente eslabón lógico de la cadena compuesta por estos dos álbumes debería llevar a Cava a componer un retrato del túnel del horror capitalista en el parque temático del consumo y el hambre global en que estamos metidos. Por lo que parece no será así sino que junto con Seguí continuará, Hombre descuadernado aparte, con otros dos álbumes de género negro centrados en el espionaje durante los años 50, el primero de ellos La niebla sin nombre.

Personalmente, no entiendo la polémica que se ha organizado alrededor de la nominación de este álbum para los premios del próximo Salón del cómic de Barcelona que ya ganó Cava en 1999 con Lope de Aguirre, expiación junto a Ricard Castells y, en 1997, con El artefacto perverso junto a Federico del Barrio. Creo que la cicatería hipócrita, disfraz de la pura envidia, es aún más injustificable tratándose del mejor trabajo de Cava desde el final del ciclo de Amorós. Eso si, en esta ocasión, podría acudir a recoger el premio que, sin duda, se merece.

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